15.3.09

La Ola.


Ya pasados los exámenes y el largo descanso voluntario que me tomé después de éstos, hoy me gustaría hablar de una película que vi hace poco: La Ola.
Como ya le han dado bastante boom en todas partes, no me gustaría excederme demasiado en mi comentario. De todas formas, recomiendo que nadie lea esta entrada si no quiere que le destripe nada importante.

Bien, la película en cuestión está basada en hechos reales. Concretamente, en el suceso que tuvo lugar en 1967 por el profesor Ron Jones, en la Cubberley High School de Palo Alto (California), y recreado a su vez en la novela The Wave, escrita por Todd Strasser bajo el pseudónimo de Morton Rhue.

En ésta, Rainer Wenger, profesor de historia, plantea una importante pregunta a sus alumnos: ¿Podría surgir en la Alemania actual una dictadura?

En principio, la respuesta de sus alumnos es No. A partir de éste momento, el profesor llevará a cabo una iniciativa por la cual se genera La Ola; movimiento social alternativo, compuesto por los asistentes a su clase y simpatizantes del movimiento. El experimento tendrá lugar durante una semana, durante la cual, el profesor Wenger será el líder del grupo. Ante esta idea, los estudiantes se entusiasman, y mejoran sus relaciones y su propia autoestima, superando así sus diferencias. Pero pronto se les empieza a ir de las manos: crean logos que esparcen por toda la ciudad, adoptan un uniforme, un saludo propio e intentan expandir la Ola por doquier, radicalizándose, hasta acabar en más de una pelea.

Ante esto, el profesor Wenger decidirá finalizar con el experimento, sin ser totalmente consciente de que ya es un poco tarde.

Con esto, la película no puede más que acabar con un final trágico, además de adoctrinante. Durante un encuentro con los componentes de la Ola, Wenger les hablará de la importancia de esa nueva organización, y de todo lo que podrían conseguir. El vitoreo y la exaltación de los jóvenes grita al unísono. Y es en ese momento cuando el profesor da su mayor lección: los alumnos se han dejado llevar. Se han creído mejor que los demás, y con derecho a decidir por ellos. Lo que allí acaba de pasar, podría ser perfectamente el comienzo de una dictadura.

Dicho y visto esto, queda contestada la pregunta inicial que les hizo su profesor. Por tanto, la respuesta, podría no ser No, sino Sí. Un aterrador Sí que todos deberíamos tener en cuenta.

Vivimos bajo un régimen democrático, pero no olvidemos nunca que tan sólo son eso; regímenes. Y en cualquier momento, bajo una o más personas con capacidad para manipular a las masas, podría hacer que el mundo en el que vivimos cayese. Y es éste el principal atractivo que, para mi gusto, tiene la película; que despierta la mente, y deja flotando esa pregunta y, por extensión, su posible respuesta, en la cabeza.

Por lo que respecta al guión en sí, lo que resulta un poco (por no decir mucho) inverosímil, es que los hechos suceden en una semana. Pero bueno, sirve simplemente para ver cómo una situación se le puede ir a alguien de las manos. Y pone en evidente la facilidad de manipular a la gente, en este caso a jóvenes que andan perdidos, a menudo con problemas familiares y cierta marginación social, que podrían dejarse llevar fácilmente por alguien que les ofreciera algo que hasta entonces no tenían; aceptación, comprensión, y ese sentimiento de pertenencia a algún lugar o grupo.

No me gustan las películas que, desde un primer momento, intentan adoctrinarte con sus sucesos, pero sí la que despiertan el interés e inquietan al espectador, y ésta, sin duda en mí lo consiguió.

Tal vez, ni siquiera sea necesario remontarse a una dictadura, basta con ver situaciones cotidianas, como manifestaciones, redes y grupos sociales, televisión...la manipulación está y ha estado ,desde hace mucho, a la orden del día. Y, si me paro a pensarlo, el asunto me asusta. Me aterroriza esa capacidad de dejarse llevar, o mejor dicho; guiar, de la gente. Y hace que me plantee muchísimas cosas. Creo que siempre deberíamos estar alerta y no perder de vista nuestros valores, así como reflexionar sobre éstos mismos. Queda dicho.

*Trailer:

13.3.09

Hervidero.


¿Qué pasa cuando te das cuenta de que, pese a tus esfuerzos, sigues sin saber lo que quieres? Esos momentos en los que te entra el miedo al pensar en la posibilidad de que no llegues a descubrirlo nunca. ¿Qué ocurre cuando, de repente, te das cuenta de que en realidad no quieres eso por lo que tanto tiempo has estado ofuscada? ¿Qué pasa cuando, de pronto, ves todo lo que deseabas en la palma de tu mano y, de pronto, descubres que no estás preparada para tenerlo? ¿Cierras la mano y lo coges con fuera o, por el contrario, lo dejas pasar? ¿Qué pasa si los demás no pueden entenderte por el simple hecho de que ni tú misma logras hacerlo? ¿Y si sientes que el miedo te invade? Es más, ¿qué pasa si no sabes a qué tienes miedo exactamente? ¿Qué sucede si un día te miras al espejo, y te das cuenta de que no te reconoces? Las personas cambian constantemente, por supuesto, pero, ¿qué pasa si no estás segura de si te gusta o no ese cambio? ¿Qué pasa cuando sientes que necesitas dejarte llevar por tus emociones pero te da miedo hacerlo? ¿Y cuando le haces daño a la gente a la que quieres por tu maldita indecisión? ¿Qué ocurre si en ocasiones recuerdas tanto tu pasado que te duele el alma? ¿Y si te angustia el futuro? O mejor, ¿qué sucede si te desconcierta tu propio presente? O si no te encuentras preparada para éste. ¿Qué pasa si te preguntas quién eres y no logras encontrar la respuesta? ¿Qué sucede si en tu cabeza las ideas y los pensamientos se agolpan unos con otros, nublando así tu capacidad de reaccionar? ¿Y si tus bruscos cambios de decisión no te dejan ser estar en paz? ¿Qué pasa si, cuando cierras los ojos, tus pensamientos te persiguen y la cabeza te duele tanto que crees que, de un momento a otro, va a estallar?... Dime, ¿qué pasa?

16.2.09

Encomiable.

Plaza de los pintores, París. Justo detrás de le Sacre Coeur. 18-02-08, 14:00 h.


Dicen que la belleza se encuentra en todas partes, en las pequeñas cosas, en el día a día. La cuestión es saber encontrarla; darse cuenta de que la tienes delante y, sobre todo, saber valorarla. Si no, puede que esté ante tus ojos y no puedas verla. La belleza, sea del tipo que sea, hace especial nuestra existencia, la vida en sí ya lo es, y hay que saber apreciarla. Todos y cada uno de nosotros podemos hacer, decir o crear algo bello. Yo admiro a aquellos capaces de crear arte; algo que, con sólo mirarlo, leerlo o tocarlo, te transporte. Resulta encomiable que haya alguien que, con sus manos, su voz, su mente, su alma o su corazón, sea capaz de crear algo que logre emocionar a una, a dos, o a cientos de personas. Algo que, al tenerlo delante todas y cada una de esas personas, consiga hacerles evocar un mundo entero para cada una de ellas. Hombres y mujeres que sí buscan la belleza y la encuentran, precisamente, emanando de su propio ser. Gente que decide compartir todo eso con nosotros, regalándonos un poco más de esa belleza a nuestro alrededor.

10.2.09

Regalar verdad.

Recuerdo que, hace unos meses, intenté hacerle un regalo diferente a una persona muy especial. Un regalo que no le haría a todo el mundo, ni siquiera a una milésima de una milésima de éste. Pero sí a ella. Quise regalarle la verdad, porque pensé que se la merecía.

La verdad; algo que casi nadie suele decir, salvo quizás en momentos puntuales. La verdad sobre lo que pensaba, sobre lo que sentía, sobre lo que yo era, o sobre lo que ella para mí. La verdad sobre lo que sabía y sobre lo que no sabía, incluso sobre lo que creía saber. Esa verdad que, en realidad, nadie desea saber. Precisamente por eso; porque es la verdad. Y la verdad es sólo eso. Con ella, muchas de las cosas que tal vez creíamos se van a pique. La verdad no tiene porqué ser agradable, fácil o sencilla de entender. La verdad es la verdad. Y nadie, no lo olvidemos nunca, absolutamente nadie, dice completamente la verdad. Jamás.

Si me preguntan si quiero escuchar una mentira o una verdad, dudo en responder, aunque realmente mi respuesta siempre será contraria a la que en realidad deseo.

Nadie debería pedir una verdad que no está preparado para escuchar. Y si lo hacen, deberían asumir las consecuencias, por duras que éstas sean.

Cuando le dije a esta persona lo que pensaba hacer, me dijo que prefería no saberla. Una vez dicho eso, me fue imposible revelársela. Luego, en cambio, se lo agradecí. Así que no se la dije. Ni siquiera intenté recordarla.

Tal vez, ni yo misma estuviera preparada para escucharla, aunque ésta saliese de mi boca.

7.2.09

Slumdog Millionaire.


Hoy me gustaría hablar de Slumdog Millionaire, película independiente, dirigida con gran maestría por Danny Boyle, ganadora de cuatro globos de oros (mejor película, mejor director, mejor guión y mejor música), y con diez nominaciones al Oscar.

La historia está basada en el famoso y conocido programa ¿Quién quiere ser millonario?, y transcurre en la India. El participante; un joven chico de las barriadas de Bombay (posteriormente, Mumbai), consigue contestar correctamente a cada una de las preguntas que se le formulan, dejando a la gente atónita y generando las sospechas del presentador del espectáculo y del orden público, por lo cual será apresado y torturado para que revele cuál es su secreto. A partir de este momento, Jamal Malik (interpretado por Dev Patel) nos introducirá en su historia; la cual le ha llevado a concursar al programa y conocer las respuestas de éste. Una historia donde el drama, el romance, y la violencia se mezclan de manera encomiable, manteniendo al espectador en vilo durante toda la película, y mostrando realidades de la India muy distintas.

Esta película de bajo presupuesto y de actores prácticamente desconocidos, consigue conmover y quedarse en la mente del espectador. Dev Patel capta a la perfección el carácter de su protagonista, logrando transmitir al público todo aquello que de pretende desde un principio.

Por lo que respecta a la imagen y el color, ambos elementos aparecen muy cuidados, con planos increíblemente nítidos, precisos, y buenos. Y para finalizar; una Banda Sonora propia del cine bollywoodiano, tan enérgica y sorprendente como a las que nos tienen acostumbrados.

En conjunto, una película totalmente recomendable, sobre todo para verla en pantalla grande, y disfrutar al máximo de su sonido y sus imágenes.

Y ahora, una mini opinión de última hora, que no hace falta que leais si no quereis que os desvele algo importante sin querer:

Huelga decir que a mi me encantó y disfruté con ella y el conjunto de sus elementos. Eso sí, para mi gusto, demasiadas perdices al final para tanto realismo al principio. Y no, no estoy siendo pesimista, simplemente me gustan los finales trágicos porque se me graban más en el cerebro.

*Trailer:

4.2.09

Vacío.

Paseo de París que se extiende por varias avenidas, justo arriba del río Sena. 16-02-08, 12:00 h.


Es extraño. Los seres humanos tenemos toda una vida por delante para disfrutar, sufrir, sentir, viajar, soñar, percibir...y miles de cosas que experimentamos a lo largo de nuestra existencia. Miles, y sin embargo, vacío. Algo que todos sienten o han sentido en algún momento de sus vidas. Un hueco, una carencia. Esa sensación tan difícil de explicar pero que, tarde o temprano, aparece. Cientos de preguntas para las que tal vez nunca logremos encontrar respuesta. Y esa sensación de soledad. Soledad que siempre nos acompaña porque, al fin y al cabo y después de todo, ella es la única que se queda, siempre.

Vacío. Sabemos que nos falta algo, pero no somos capaces de descubrir qué es. Y algunos, los menos conformistas, se pasan los días intentando averiguarlo. La mayor parte de las veces, en vano. Otros lo aceptan, y viven con él. Pero eso no quiere decir que no esté ahí.

Haces y sigues tu camino con él; con el vacío. Puede que, en el fondo, venga en nuestra naturaleza el sentirse incompletos porque, evidentemente, todo no se puede tener. Los recipientes se rellenan, las personas no. Porque somos humanos, y tenemos sentimientos. Algunos nos llenan, otros nos vacían.

10.12.08

Si no tardas demasiado, te esperaré para siempre.


Últimamente parece que siempre escriba de lo mismo; sobre amor. El tema empieza a cansarme, la verdad, pero qué puedo hacer yo si muchas de las cosas que se me ocurren están relacionadas con éste.

El caso es que el otro día, mientras reflexionaba el porqué me es imposible enamorarme, o de si alguna vez lo he estado, incluso de si sabría estarlo si se diera el caso, empecé a meditar si acaso los autores de las grandes narraciones de amor estuvieron alguna vez enamorados.

Y es que a veces, quien mejor puede hablar de un tema, es alguien que nunca ha estado metido en él, pero lo anhela tanto, lo teme y lo desea con tantas fuerzas, que es capaz de imaginar todo lo que algún día le gustaría poder sentir.

Aunque no lo haya experimentado nunca.

Tengo un amigo que dice que todo llega. Que después de un amor, con el tiempo, vendrá otro. La verdad es que en el fondo yo también creo eso. Por nuestra vida pasan demasiadas personas, y todas ellas tienen cualidades, características, virtudes y defectos que resaltar. Y tú tienes la posibilidad de disfrutar de ellos. ¿Cómo se puede pues, saber qué persona es la indicada? ¿Cómo decidir, entre tantas personas con tantas cualidades, tan sólo a una? Supongo que llegado el momento se sabe. Aunque no creo que nadie esté seguro de su elección al cien por cien. Pero sí, hay algo que te dice que es esa persona, que ella es la indicada para compartir un poco (o todo, eso ya depende de cada persona) de lo que eres.

En mi caso, parece que no aparece. Que sí, que no hay prisa, que ya llegará, pero en ocasiones me sorprendo pensando en que quizás ya es tarde. Tal vez pasó, y se fue. Puede que el corazón no muera cuando deja de latir; sino cuando sus latidos ya no tienen sentido. ¿Y si el mío murió hace tiempo? O, ¿y si nunca estuvo vivo? A veces dudo hasta de eso. No sé, puede que todo eso, sólo sean pensamientos absurdos, o que realmente los recuerdos pesen más que las esperanzas, y esto me impida experimentar lo que el resto de mortales.

Se supone que la juventud está llena de historias que te marcan; enamoramientos posibles e imposibles. Que alguien me diga dónde están los míos. La cuestión es que el amor se respira en todas partes, y si tú no lo sientes, realmente puedes llegar a agobiarte.

En fin, ya que parece no tener prisa en llegar, tendré que escribir una de esas historias que te hacen vivir, aunque seas solo unas pocas horas y no en tus propias carnes, eso que todos parecen querer conseguir; un amor complicado, y que deje huella.

27.11.08

Momentos.


Una mirada de complicidad, una sonrisa dirigida expresamente a ti, un abrazo en el que ambas os fundís, un momento. Tan sólo la fragilidad de ese momento. No te acostumbres. No lo hagas, lo digo por tu bien.

El contacto humano es tan diverso como efímero. No intentes aferrarte demasiado a quien abrazas hoy, porque puede que no sean tus brazos los que la rodeen mañana.

Momentos, la vida está hecha de ellos. Buenos, malos ,extraños, eternos, fugaces...pero no son más que eso. Y después de uno, viene otro. No te estanques en alguno que ya ha haya pasado. Vino, estuvo y se fue. No, no te esfuerces; no volverá. Ni ella con él. Ni lo que sentía, ni lo que sentías tú, ni siquiera lo que sentía cualquier otro. Fin. Fin del momento, y a por otro.

No te claves en ninguno de ellos, por mucho que éstos se claven en ti. No lo hagas porque, aunque sigan presentes en tu cabeza, no volverán, tu espera se hará inútil, y correrás el riesgo de dejar pasar otro momento. Puede que te interese más o menos pero seguro que aprendes de él. Siempre lo haces, aunque tú no te des cuenta.

Momentos. Disfrútalos, súfrelos, sé víctima o benefactor de ellos. Vívelos pero, por encima de todo, limítate a sentirlos.

Reflejos.


Reflejos. No quiero enamorarme de reflejos. Un reflejo no va a poder besarme, ni va a darme un abrazo cuando más lo necesite. No va a secar mis lágrimas, ni va a compartir mis sonrisas. Un reflejo no va a acariciarme, ni va a susurrarme al oído antes de dormir. Tampoco va a regañarme cuando haga las cosas mal, ni se va a enfadar cuando llegue tarde. Un reflejo no va a llorar por mi culpa, y yo no voy a poder recoger sus lágrimas con la punta de mis dedos.

No va a poder, no voy a poder. Simplemente, porque es un reflejo. Nada más que un reflejo.

No quiero enamorarme de reflejos. No quiero ilusionarme por un reflejo, por algo que en el fondo, no acaba de ser real. Cada semana, cada día, encuentro uno de esos reflejos y, sin quererlo, acabo eclipsándome por ellos, por sus cosas buenas, a veces, por sus pequeños defectos, esos que hacen que cada uno sea especial. Ilusiones, para que después, igual que un reflejo en el agua, se distorsione o desaparezca con solo rozarla.

Reflejos que aparecen y desaparecen. Reflejos que reaparecen. Tan sólo eso; reflejos. Uno tras otro. Y no consigo que me llenen. Porque un día veo un reflejo, porque si cierro los ojos y los vuelvo a abrir, veo otro.

Porque son reflejos, nada real. Porque no son una imagen sólida, que perdure. Porque para mí, al final solo son reflejos. Y porque empiezan a generar un vacío.

Reflejos, frágiles, que no son como aparentan, sino la versión real de éstos. Porque no puedo enamorarme de un reflejo. Tic tac, ilusiones que se deshacen a cada segundo, con cada golpe definitivo de las manecillas del reloj.

Reflejos, solamente reflejos. Reflejos que no puedo alcanzar, reflejos que borro cuando me canso de observarlos. Porque ninguno consigue embelesarme por completo. Porque ninguno consigue que, al volverme para ver su rostro real, sienta la necesidad de tomar su mano, de acercarme al lago desde donde lo observaba, para vernos reflejados en él.

Reflejos, nada más que reflejos. Y esta horrible angustia, que se resiste a reflejarse, para que yo la pueda borrar.

Reflejos, solo eso; reflejos.

29.10.08

Soledad.


Cuando se presentó, hace ya muchos años, no me inspiró demasiada confianza. Tal vez, porque sus palabras fueron las más claras que había escuchado hasta el momento. Pero, en esa temprana edad de mi infancia, no la supe entender bien. “Me llamo Soledad y voy a ser tu compañera a lo largo de esta vida”. Cuando ladeé la cabeza, incrédula, intentó explicarse mejor. “No temas. Soy la única que nunca va a apartarse de tu lado, estaré contigo siempre”. Sin embargo, a mí eso no me bastó, e intenté olvidar sus palabras. Pero fui creciendo y Soledad, aunque intangible, seguía ahí. No podía verla, ni olerla, ni tocarla, pero sí podía sentirla. Conmigo, siempre. Tal y como ella me había prometido. A veces, la notaba más cerca de mi, a mi lado, paseando conmigo por cualquier calle, o en casa. Cuando me peleaba con un amigo, cuando pasaba días estudiando, sin apenas salir. Otras veces, en cambio, Soledad tan sólo habitaba en mi interior. Estuvo presente cuando me fui de casa, o cuando mi matrimonio quedó reducido al recuerdo de esos maravillosos años que pasé, en los que llegué a pensar que Soledad o se había dormido, o me había abandonado. Pero no, allí estaba ella, presente.
Nunca se lo dije pero, con el paso del tiempo, llegué a cogerle cariño. Y a medida que la vida me iba enseñando lo bonita, pero dura que podía llegar a ser, me di cuenta del grado de realidad que contenían sus palabras. Soledad nunca me mintió y yo me alegré de poder contar con una compañera incansable, una que jamás se olvidó de mi. Soledad era difícil, en ocasiones, incluso dolorosa. Pero al final, pese a todo, me seguía quedando ella. Ya en mi vejez, cuando Soledad se instaló por completo en mi corazón, le di las gracias. Tiempo atrás, quizá la hubiese odiado. Pero ahora lo sabía; Soledad había cumplido su palabra. De hecho, fue la única que anunció un “no te dejaré” y, al final, pudo cumplirlo. Y yo, no podía estar sino agradecida por su sinceridad y su eterna compañía.

16.10.08

Tierra trágame (y culturizame).


Hoy, en clase, he tenido uno de eso momentos de “tierra trágame”. Teníamos que leer un simple texto que hablaba de la democracia directa y de la democracia representativa y, sinceramente, pese a que me lo he leído dos veces, no lo he entendido bien del todo. Y claro, tras eso, teníamos que hablarlo en grupo y después exponerlo ante la clase. Pero claro, ¿cómo iba a hablar sobre algo que realmente no llego a entender en su totalidad? No quería hablar y hacer el payaso. Esta vez, no era por vergüenza, de verdad, era simplemente eso; que no podía hablar, porque no sabía qué decir.

Así que el debate en grupo se ha basado en evasivas, hasta que he reconocido que no me había enterado. Pero claro, el hombre que intentaba explicármelo hablaba tan enrevesado que me he quedado igual o peor. Qué triste. Así que nada, ha salido un chico a exponer lo de nuestro grupo, más perdido que un pueblerino en la capital.

A lo largo del debate ya me he ido centrando, pero ha sido cuando he tenido que expresarme, y me he visto incapaz de hacerlo, cuando me he dado cuenta del bajo nivel cultural en el que me encuentro. Y la pregunta es, ¿se puede vivir en una sociedad de la que realmente no sabes casi nada? Pues por lo visto, sí. Y no me ha gustado nada. Creo que hay demasiadas cosas que la gente debería conocer, por lo que debería preocuparse o al menos informarse y, sin embargo, como yo, no lo hace. Creemos que realmente no sirve de nada saber ciertas cosas, hasta que te hace falta saberlas, por cualquier motivo, y notas esa carencia.

Quizá he sido demasiado pasota hasta el momento, pero bueno, supongo que nunca es tarde para remediarlo, ¿no? Sólo se trata de pararse, y leer. Para saber dónde te mueves, qué pasa en el mundo en el que − por suerte o por desgracia −, vives. Para tener voz y voto y no ser una marioneta más. Como ya he dicho antes, detenerse y leer. Algo que sin duda, debería hacer más de uno y más de dos.

13.10.08

Sonrisas de payaso.


A veces pienso que la mayor parte de la gente—y me incluyo en esa mayoría-somos como los payasos. ¿Por qué? Muy sencillo, porque nos pintamos enormes sonrisas en el rostro. Las dibujamos en nuestra caras de manera que, aunque en ese momento sintamos ganas de gritar de rabia, la sonrisa no desaparezca, y nadie note como nos sentimos de verdad. Y van pasando las horas, los días, las semanas, y nosotros seguimos con nuestra sonrisa impasible, fingiendo. Regalándole al mundo sonrisas torcidas, distorsionadas. Y nos esforzamos tanto en mantenerlas, que nos olvidamos de cómo se esbozaban las demás.

Y salimos a la calle a hacer el payaso mientras, tal vez por dentro, nos vamos muriendo un poco más. Pero no importa, ¿no? La gente te habla, te saluda, y tú le enseñas la sonrisa más falsa que puedas esbozar, sólo para esa persona, tu mejor sonrisa dedicada.

Tan sólo cuando llegas a casa ,te das cuenta de que te duele la mandíbula, y borras tu sonrisa para vivir tu soledad. Para comportarte como realmente te apetece. Y miras el reloj, contando las horas que te quedan para volverte a maquillar. Para esconder, una vez más, aquello que en el fondo nadie quiere ver; cómo te sientes en realidad.

30.9.08

Empezar.


Esta mañana he empezado las clases. Ayer mismo me instalé por fin en el piso de Elche. La verdad es que, aunque era consciente de que al venir aquí las cosas que tenía hasta ahora cambiarían, también me excitaba la idea de pensar todo lo que me podría esperar aquí. Bien, ha llegado la hora de comprobarlo, tanto para bien, como para mal.

Hasta el momento, buen comienzo. Con los compañeros hay buen rollo y, increíble pero cierto, ya sé dónde está el edificio de periodismo (gracias a ellos, claro). Y tengo ya localizado un supermercado para no morir de hambre y un banco, para poder ir al supermercado.

Ahora falta ver como avanza todo. Ya ves, así somos las personas; siempre estamos esperando para ver cómo transcurre algo que todavía no ha pasado. Al menos la carrera parece interesante. Tal vez me cueste seguir el ritmo, estar tan informada de todo lo que pase a mi alrededor (con lo olvidadiza y despistada que soy yo), pero habrá que intentarlo, ¿no? Al menos sé que en este curso voy a tener una asignatura que sirva para mejorar la expresión y la redacción. ¡Sí!

Y ahora a dormir, o mañana volveré a protagonizar el ataque de los zombies.

1.9.08

(No) Va de superhéroes.


El otro día, me paré a pensar porqué siempre acaban decepcionándonos las personas que nos importan y, tras algunas cavilaciones, llegué a una simple conclusión; porque las queremos.

¿Tiene sentido? Vale, a primera vista no. Pero párate a pensar: cuando alguien te hace una jugarreta y no te importa esa persona, te jode, claro que te joder. Pero dime, ¿acaso no te hubiera dolido más si esa jugarreta en cuestión te la hubiese hecho tu mejor amigo? O tu pareja, o tus padres, o quien quiera que sea esa persona importante para ti. Sí. Claro que hiere más. Eso es porque queremos a esa persona. La queremos y, por lo tanto, le exigimos más de lo que le exigiríamos a cualquier otra. Todos y cada unos de sus actos tienen relevancia para ti y por eso no esperes que te falle. La idolatras, la subes en un pedestal tan alto que, cuando comete un error, la caída es tan grave que deja cicatrices. Y las cicatrices ya no desaparecen. La herida puede curar, sí, pero la cicatriz seguirá ahí. Puede que por eso nos sintamos tan decepcionados cuando nos damos cuenta de que esa persona no es como nosotros habíamos fantaseado que fuera.

Eso es lo malo de las relaciones afectivas, que el amor, sea del tipo que sea, es bueno, pero también daña. Y con eso no quiero decir que el amor no esté bien. No. El amor es fabuloso, es una de esas cosas que, por alguna razón que no sabes explicar pero que conoces, mueve el mundo. Lo que quiero decir es que, de una forma u otra, condenamos a las personas que amamos. Las condenamos a decepcionarnos tarde o temprano.

Por eso es conveniente ser consciente de que no existen los superhéroes. Nuestros seres amados son personas físicas y reales, con fallos, con equivocaciones, que cometen errores. No tienen superpoderes y no están diseñados para cumplir la función específica de hacernos felices toda la eternidad. Habrá un momento en que te fallen. En que los necesites, tal vez más que nunca y te fallen. Igual que tú les acabarás fallando a ellos. Supongo que en el fondo es como una cadena.

La cadena del error, la podríamos llamar. Pero como en toda cadena, a veces hay eslabones que se rompen o se descomponen. Eslabones que, una vez sueltos, ya no vuelven a encajar. A veces pienso que todos deberíamos estar concienciados de eso, para que el momento no nos pille por sorpresa. Pero siempre lo hace, tal vez lo veas venir, pero te acaba sorprendiendo igualmente. No se puede estar preparado para ese momento, pero quizá ser conscientes de que todos erramos y de que nadie es perfecto, venga bien para aceptar con la máxima naturalidad posible que, si esa persona acabó fallando, es solo por el hecho de que es humana. Los humanos cometen errores. Tú mismo lo eres, los cometes. Deberías entenderlo.